Un Dios que cuida de sus Hijos


Mateo 7:13-14
Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;
porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.


Juan 10:7-11
Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.

Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

Marcos 4:37-40
Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.
Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?


Mateo 11:25-30
En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.

Sí, Padre, porque así te agradó.
Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

Mateo 6:25-26,30,33
Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.


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¡Qué Dios tan grande tenemos!, no sólo se ha preocupado de querer salvarnos enviando a su Hijo Jesucristo para morir por todos nosotros llevando nuestros pecados y sufriendo el castigo que merecíamos, sino que se encarga de buscarnos de uno en uno, llamarnos, reconciliarnos con Él por medio del sacrificio de Cristo, y luego se encarga de tener absoluto cuidado de nuestras vidas.

Jesucristo es la Puerta para entrar a la presencia del Padre y a la comunión con Él, sólo a través de Él podremos llegar a Dios por medio de la fé en su sangre y su sacrificio por los pecados de toda la humanidad. Para entrar por esa puerta es necesario que le abramos nuestro corazón con sincero arrepentimiento y le aceptemos como nuestro Señor y Salvador personal. Una vez dado ese paso, es el inicio de un gran cambio en nuestras vidas y entramos a la presencia de Dios el Padre, y salimos del mundo (Juan 10:9) dejando atrás una manera de vivir revelada contra Dios, pasando a formar parte del pueblo de Dios y confiando nuestras vidas en el perfecto cuidado de nuestro Creador.

Algo importante a tener en cuenta es que, aunque el Señor esté con nosotros en nuestra barca (vida), eso no va a impedir que vengan tormentas a nuestras vidas, todo lo contrario, esas tormentas serán necesarias para afirmar y hacer crecer cada vez más nuestra fé en Él, y a través de las pruebas que atravesemos, es como Dios va moldeando nuestro carácter, cambiando aquello que no le glorifica y haciendo de nosotros unas nuevas personas llenas del amor de Dios. Confía, el Señor tiene poder para calmar la tempestad, por más grande que pueda llegar a ser. (Marcos 4:37-40)

Cristo desea que vayamos a Él para descansar, Él tiene cuidado de nosotros de una manera muy especial, el Padre le entregó todas las cosas en sus manos, de igual manera debemos entregarle a Él nuestro corazón y el cuidado absoluto de nuestras vidas. Debemos buscar primeramente el Reino de Dios, que el Señor sea glorificado, debemos estar prestos para servirle a Él en todo tiempo, confiando en que, si Él tiene poder para alimentar a los pajarillos, ¿cuánto más a nosotros, que somos los únicos seres de la creación de Dios hechos a su imágen y semejanza?. (Mateo 6:26)

No importa las pruebas o tribulaciones por las que estemos pasando, Dios nos ha prometido que un día estaremos en su presencia cantando y adorándole, y que tendremos gozo, y nunca más tendremos llanto ni dolor...

Isaías 51:11-12,15
Ciertamente volverán los redimidos de Dios; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno? Porque yo Dios, que agito el mar y hago rugir sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es el Señor de los ejércitos.


Gocémonos en este día, Dios ha querido hacer de toda la humanidad un solo pueblo, su Iglesia está compuesta de cristianos de todas las naciones, y un día estaremos todos en su Presencia,  vestidos con vestiduras blancas y cantando y adorándole con palmas en las manos...


Apocalipsis 7:9-10,14

Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero... Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.

Lavemos nuestras vidas con la Sangre de Cristo, el Cordero de Dios, anhelemos estar consagrados para Dios, viviendo en santidad y sobretodo, dándole el total control de nuestras vidas, confiando en que, es poderoso para guiarnos y para suplirnos de todo cuanto necesitemos, fortalecernos cuando nos sintamos débiles y sanarnos cuando estamos heridos. Sabiendo que un día estaremos descansando en su Presencia y que veremos esta vida como un sueño que se pasó rápido con sus dulces y amargos momentos.

Que el Señor te bendiga, fortalezca y te muestre cuánto cuida de tí, porque te ama.


 

 

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