Volviendo a los comienzos de la Iglesia,la Sana Doctrina


 
Tito 2:1
   Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina.

2 Timoteo 4:1-4   Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias,  y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.

1 Timoteo 6:3    Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad

1 Juan 2:27    Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no
es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

1 Corintios 3:11    Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

Dios bendiga su Santa Palabra

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Desde los comienzos de la Iglesia, podemos ver como los primeros creyentes sufrieron una gran y violenta persecución, llegando a costarle la vida a todo aquel que no negaba al Señor y predicaba el Evangelio.

Todavía a día de hoy, sigue habiendo persecución a los cristianos en algunos países y prohibición de compartir pública o privadamente la Escritura, pero hay un peligro mucho mayor amenazando y que es más destructor que cualquier persecución y se llama apostasía, que es la permisividad hacia cosas que Dios no aprueba, y el consecuente enfriamiento del cristiano, corriendo el peligro de morir espiritualmente y perder su salvación.
 
Mateo 10:28 Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

Como cristianos (seguidores y siervos de Cristo), no podemos pasar la mano al pecado ni pasar por alto ciertos comportamientos o tener actitudes que no son aprobadas por Dios, debemos buscar la santidad sin la cual nadie verá a Dios…

Hebreos 12:14    Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.


Efesios 4:30
   Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

Para buscar la santidad, debemos pasar tiempo con Dios, apartando un tiempo importante y especial para Él, como pueden ser las madrugadas, en donde no hay distracciones y a su vez estamos convirtiendo un tiempo bueno para descansar en un tiempo valioso con nuestro Padre, Dios.

Marcos 13:35    Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana;

1 Pedro 5:8    Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;

1 Pedro 4:7    Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.


Separados de Jesucristo, nada podemos hacer. De igual manera, como cristianos no podemos vivir separados de la Palabra de Dios. Él nos ha dejado su Palabra para ir nutriendo nuestras almas, purificándonos (Juan 15:3), perfeccionándonos, para que la usemos como Espada (Hebreos 4:12) para predicar el Evangelio de Salvación y para enseñar, corregir e instruir en justicia.

2 Timoteo 3:16-17    Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.


De igual modo que mostramos interés cuando un ser querido se dirige hacia nosotros para decirnos algo y le prestamos atención con respeto y honra, más aún debemos estar atentos a lo que el Señor, nuestro Dios y Hacedor quiere decirnos.

Ezequiel 2:8    Mas tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy.

Ezequiel 3:3    Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel.

Cuando alimentamos nuestras almas con la Palabra de Dios, sentiremos que esa Palabra es dulce como la miel, ya que es un alimento para nuestro beneficio y crecimiento espiritual, un alimento que nos corrije, nos instruye y nos enseña aquello que agrada a Dios. La Palabra nos va descontaminando de aquellos argumentos y rompiendo aquellos esquemas e ideas que teníamos en nuestra mente cuando andábamos sin Dios, y va estableciendo los nuevos y sólidos fundamentos de la Salvación en Cristo Jesús. La Palabra de Dios son los cimientos que sujetan “la casa” de nuestra vida a “la Roca” de Cristo Jesús…

Mateo 7:24    Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca

Salmos 89:26    Mi padre eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación.

Cuanto más tiempo pasa una persona leyendo y nutriéndose con la Palabra de Dios, más irá poniendo en su vida unos fundamentos sólidos que, acompañados de una Fé depositada en el sacrificio expiatorio que hizo Cristo Jesús, se irá fortaleciendo para poder pelear la batalla de la fé

1 Timoteo 6:12    Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.

Salmos 144:1    Bendito sea el Señor, mi roca, Quien adiestra mis manos para la batalla, Y mis dedos para la guerra;

No debemos olvidar que cuando el Señor viene a nuestras vidas, y le aceptamos en nuestro corazón, además de darnos la Salvación por su gracia y su misericordia, Él nos toma como soldados para pelear una batalla, nos traslada de las tinieblas al reino de Dios para que vayamos predicando el Evangelio de Salvación allá por donde Él nos lleve, rescatando a los que andan perdidos sin Él…

Hechos 26:17-19   Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

 

2 Tesalonicenses 2:15    Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido…

Por eso, debemos retener lo aprendido, y continuar creciendo en el conocimiento de las Santas Escrituras, edificando nuestras vidas sobre la Roca y el Fundamento de la SANA DOCTRINA del Señor Jesucristo revelada en la Palabra de Dios, analizando todo y procurando que vivamos unas vidas como lo hacían aquellos que vivían más cerca del Maestro, sus discípulos y apóstoles. Es bueno que meditemos sobre la dirección que estamos tomando en nuestras vidas y, preguntarle al Señor por esas sendas antíguas que Él nos dice en su Palabra para andar por ellas… para preguntarle, debemos ir a su Presencia y prestar atención a sus Palabras, escudriñando, orando y meditando…

Jeremías 6:16   Así dijo el Señor: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.

Salmos 88:2   Llegue mi oración a tu presencia; Inclina tu oído a mi clamor.

Juan 5:39    Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.

He aquí la importancia que tiene que pasemos tiempo con Dios, escudriñando, meditando y estudiando las Escrituras, cuanto más tiempo pasemos en la Presencia del Señor, más vamos a ir llenándonos de Él, mientas que vamos “vaciándonos” de aquellas cosas que no glorifican a Dios en nuestras vidas y aprendiendo qué es lo que le agrada y qué no.

Juan 3:30    Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.

Debemos prestar especial atención cuando estamos congregándonos en una Iglesia local, analizando a la luz de las Escrituras que lo que se nos predica es acorde a las enseñanzas del Señor y no contradice las Escrituras, en caso contrario, debemos pedirle al Señor que nos lleve a un lugar donde sí se predique fielmente su Palabra y donde sea su voluntad que estemos como sus instrumentos que somos.

1 Timoteo 6:3-5  
Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad,  está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.

Job 34:3    Porque el oído prueba las palabras, como el paladar gusta lo que uno come.

Gálatas 1:6-10   Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

Filipenses 2:14-16   Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.

 

Pidámosle al Señor que nos de sabiduría, abra nuestros ojos para ver las cosas como Él las ve, abra nuestros oídos para que oigamos su voz, y abra nuestro entendimiento para entender las Escrituras. Necesitamos vivir agarrados de Cristo y su Palabra, necesitamos llenarnos de la de luz de Dios, para que, los que están en tinieblas, puedan conocer al Señor a través de nuestras vidas, llenas de su Palabra, recordando siempre que, para dar de beber a los sedientos primero tenemos que nutrirnos y suplirnos de esa Agua que da vida.



Que el Señor te bendiga en este día.




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