Un Amor puro y sin fingimiento

1 Pedro 1:15-19,22

...como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;

porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,

sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,
Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro.
 

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?


1 Pedro 2:1,9,20-23
Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones
,
Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;
 

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

 

Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra;

1 Pedro 1:7-8

...para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto...

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Dios nos habla a través de su Palabra de numerosos temas. Uno de ellos es el amor entre sus hijos. Éste amor, como dice la Santa Biblia debe ser sin fingimiento, entrañable y se debe tener en un corazón puro y renovado pasando tiempo en la presencia de Dios.

Ninguno puede dar algo que no haya recibido, de igual forma para dar amor a los demás debemos recibir ese amor de parte de Dios, un amor incondicional, que ama sin importar ser amado, que perdona cuantas veces le ofendan y que tiene misericordia así mismo como Dios tiene misericordia de uno...
Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Debemos tener misericordia y perdonar cuantas veces sea necesario, pero, ¿cuántas veces debemos perdonar a quien nos ofende, existe un límite? Veamos qué le dijo el Señor a Pedro cuando le preguntó....

Mateo 18:20-22
Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

Claramente el Señor nos dice que no hay límite para el perdón, ya que sería impensable poder contar cuántas veces se nos ha ofendido y cuántas hemos perdonado, simplemente debemos pedirle al Espíritu de Dios que nos ayude a tener misericordia de nuestro prójimo así como Dios la tiene de nosotros.
Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Cuando seguimos los pasos para orar tal y como el Señor nos los dejó revelados en el Padre nuestro, damos por hecho que perdonamos a aquellos que nos han ofendido, de otra manera, debemos saber que si no perdonamos, tampoco Dios podrá perdonarnos....
mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Dios desea que de la misma misericordia que Él quiere que disfrutemos, la ejerzamos con los demás, con personas aún no convertidas y cuánto más con nuestros hermanos en la fé. Debemos seguir las pisadas del Maestro, el Señor enmudeció, no abrió su boca cuando fue llevado ante sus acusadores (Isaías 53:7), debemos aprender a no defendernos, a poner la otra mejilla cuando nos golpeen en una (Mateo 5:39)
, y no sólo eso, sino orar por esa persona que nos ha golpeado, perdonándola en nuestro corazón y pidiéndole al Señor, Padre perdónalo porque no sabe lo que hace (Lucas 23:34), como hizo el Maestro, quien siendo Dios, tenía poder para defenderse y para que millones de ángeles le defendieran (Mateo 26:53), pero no lo hizo, porque tenía clara su misión(Mateo 26:54), dar su vida por todos nosotros, seres pecadores que no merecemos de su infinito amor y misericordia. Cristo murió hasta por aquellos que estaban acusándole y clavándole en la Cruz...

¿aún crees que nos pide mucho cuando nos dice que perdonemos a nuestros hermanos sus ofensas?

El Señor  conoce a la perfección lo que es el perdón de corazón y quiere que nosotros lo conozcamos también, por ello nos ha dado su Espíritu Santo, porque necesitamos que su amor sea derramado en nuestros corazones. (Romanos 5:5) No podemos llamarnos cristianos, seguidores de Cristo o hijos de Dios si somos incapaces de perdonar a nuestros hermanos o prójimo, la Palabra de Dios dice que aquellos que son pacificadores serán llamados hijos de Dios...
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Por ello, si vemos en nosotros que hay impedimentos para perdonar algo o a alguien, debemos llevar en oración a los pies de Cristo a esa persona o situación que no "podemos" perdonar por nosotros mismos y que necesitamos el poder y la gracia de Dios para hacerlo. Si tú estás dispuesto a querer perdonar y obedecer el mandato de Dios a que perdonemos a los demás, el Señor no te dejará sólo y derramará de su gracia sobre tí para que puedas perdonar, y así poder tener un verdadero amor por tu hermano y por el prójimo, un amor puro, que todo lo sufre, que todo lo soporta y que no deja de ser. (1 Corintios 13:7).

No importa cuánto padezcamos o suframos, Dios permite que padezcamos haciendo lo bueno (1 Pedro 2:20-23), para ir transformando y cambiando en nuestras vidas todo aquello que es un estorbo entre nosotros y la obra de Dios en nuestras vidas.
El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.

Si Cristo padeció sin haber hecho mal alguno, nosotros tenemos que padecer y seguir sus pisadas. No importa lo que hablen de nosotros, ni cuánto hablen, el Señor es autosuficiente y va probando tanto el corazón de la persona que nos critique como el nuestro si es capaz de perdonar esa ofensa. Que siempre glorifiquemos al Señor con nuestra conducta, perdonando a los que murmuran contra nosotros y orando por ellos para que el Señor les conceda arrepentirse.
teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.
considerando vuestra conducta casta y respetuosa.

Querido hermano/a que lees, independientemente de lo que estés pasando en tu vida, nunca hagas algo de lo que el Señor pueda avergonzar de tí, soporta las aflicciones (2 Timoteo 4:5), sé fiel al Maestro así como Él fue fiel al Padre hasta tener que dar su vida en la cruz por una humanidad que lo despreciaba, soportar las aflicciones no es tan grande como tener que morir en la Cruz, pero forma parte de esa cruz que Cristo nos manda a tomar para seguirle.

Tomemos nuestra cruz cada día y sigamos las pisadas del Maestro, amando a nuestros hermanos con un amor incondicional, puro y sin fingimiento, demostrando quien vive en nuestro corazón, Jesucristo, el Camino al Padre, la Verdad y la Vida, el Amor de Dios por la humanidad.

¡Dios te bendiga y te ayude a reflejar su amor hacia los demás de una manera que lo glorifique!
 
Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.
 

 

 

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